"Lo que más me gusta del seminario es que en muy pocas clases pude poner en práctica herramientas claras y concretas. Ayuda mucho a tomar conciencia del cuerpo y del relato del actor. Es muy rico tanto para el que empieza como para aquel que ya ha recorrido un camino. Creo además que es muy interesante tener un maestro que no sólo sabe de actuación sino que también es escritor. Es realmente muy enriquecedora la combinación porque como actor ves y escuchás otros puntos de vista."
Florencia Pena (Cantante y Actriz - Maestra de Canto - Profesora de Literatura Inglesa)
"Las devoluciones que nos hace Carlos luego de los ejercicios son muy inteligentes. Cada uno puede hacerlas propias porque nos hace tomar conciencia del funcionamiento de nuestro instrumento. Es un camino de ida en el cual descubro semana a semana nuevas herramientas para mi caja de la vida, con un programa bien pensado."
"Lo que más me gusta del seminario es que los ejercicios son claros y apuntan a reconocer el instrumento (cuerpo, voz, imaginación) o entrenarlo si ya tenés experiencia. Invitar a construir un conocimiento, una metodología en acción."
Ariel Osiris (Actor - Director - Docente de actores)
"El seminario me pone feliz, es por momentos nervios por enfrentar situaciones que no son comunes para mi, pero a la vez tener muchas ganas de vivirlas. Es mucha adrenalina, al hacer un ejercicio, el no querer "equivocarme" en la consigna pero a la vez saber que tengo que "disfrutarlo", es sobre todo mucha energía al terminar la clase. Es algo que nunca viví antes, algo que me produce mucha alegría y ganas de que llegue el sábado y conectarme conmigo, con los compañeros, con mi espacio.Es un curso que vale la pena y que sin dudas es algo para compartir."
“Me encanta como está encarado el seminario, eso de preparar el instrumento me parece fundamental y un concepto excelente, muy gráfico. El curso me hace ver la actuación en 3 dimensiones y con los 5 sentidos. Siento que vamos adquiriendo cosas en forma paulatina y disfrutando de cada encuentro. El seminario pasó a ocupar un lugar importante en mi semana, me hace poner el pie en el freno, parar el mundo y hacer algo que realmente disfruto.”
El escritor uruguayo, autor de "El libro de los abrazos" y "Las venas abiertas de América Latina", en un extracto de su programa "El mundo según Galeano".
El siguiente es un capítulo de "El Arte teatral", publicado por la actriz Sarah Bernhardt a comienzos de 1900. A pesar de las diferencias estéticas y técnicas con nuestra época (vean acá una dramática entrada en escena) toca de manera clara un tema basal en el entrenamiento del actor: la voluntad.
LA VOLUNTAD
Para toda persona, la voluntad es una condición fundamental del éxito; para el actor es una condición a la cual deben subordinarse todas las otras. Como en este arte, el trabajo se mantiene cada día, cada hora, cada minuto; como en menester que sin intervalo, los recursos de la inteligencia se mantengan tendidos hacia el estudio o la observación, los caracteres tímidos, flojos, indecisos o perezosos, no tienen nada que hacer. Grandes talentos naturales pueden ser puestos en jaque por la falta de voluntad. Es gracias a ésta que podrá mejorarse la dicción, que se perfeccionará el ademán, que se sobreexcitará la sensibilidad, que podrán sobrellevarse las innumerables obligaciones materiales que constituyen el trabajo de un actor. Por muy inmejorable que sea su memoria natural, deberá desarrollarla, estimularla gracias a una labor constante. Si se deja descorazonar por los primeros fracasos; si no efectúa sobre sí mismo prodigiosos esfuerzos para superar los obstáculos, frecuentes a toda carrera, para transformarse, conforme a las situaciones y a las épocas, entonces se encamina a la derrota definitiva. (…)
En cualquier otra profesión, cuando se ha alcanzado una determinada posición, una vez que ha sido organizada una serie de cosas, el individuo puede acogerse a un relativo descanso. En ésta, la tensión nerviosa no cesa nunca, el esfuerzo físico y el intelectual se superponen y confunden. Para ser un buen actor, para realizar una carrera como la de Talma, de Kean o de Rachel, es imprescindible tener un alma bien templada, no sorprenderse por nada y recomenzar a cada momento la tarea penosa que se acaba de terminar. (…)
Ahora bien, el actor que no se renueva, que no puede adaptarse a todas las exigencias, que no evoluciona con la evolución de la literatura dramática, ése no cumplirá íntegramente su tarea. Debe estar listo para afrontar las ficciones más modernas y servirlas con la plenitud de su talento. Al contrario de esos sabios, que prosiguen eternamente sus investigaciones acerca del mismo objeto, y cuyos trabajos se hacen casi maquinalmente, el actor debe demostrar intrepidez y sacrificar, a cada instante, la rutina adquirida, el descanso al que se creía con derecho, para dedicarse a nuevos estudios. El Arte no tiene edad; el actor tampoco puede tenerla, sino únicamente cediendo a la indolencia o a la complacencia consigo mismo. Únicamente por el dominio absoluto de toda su personalidad, podrá elevarse a la gloria suprema de los hombres por los cuales la vida no es más que creación, trabajo y ardimiento.
Aquí, joyita de museo: video de ella haciendo de Hamlet, en una película que presentó para la exposición de París en 1900. Es la escena del duelo con Laertes y muerte final.
Arriba decía que "a pesar de las distancias..." sin embargo, la sacan de escena igual que un Hamlet contemporáneo nuestro: Kenneth Branagh.
Le dicen, poéticamente, “la loca de la casa”. Dicen también que lo mejor es dejarla fluir, vagar. Cosa que por otra parte hace sola, aunque no se lo pidamos. Quizá el calificativo de “loca” tenga que ver con eso: hace lo que quiere locamente, o sea sin cordura, que significa etimológicamente “sin cuerda”. Barrilete que se vuela, no está atada a la tierra ni a la propia mano de nuestra voluntad.
Ahora, lo que siempre llamó mi atención es que, además de loca, es de “la casa”, frase que asume nuestro cuerpo y mundo interior como un territorio anárquico donde un integrante desquiciado se agita a gusto y hace lo que quiere.
Así mirada y entendida, la imaginación decide por sí misma casi siempre. ¿Qué imagen tienen en la cabeza ahora mismo? Descríbansela, y traten de mantenerla. ¿Cuánto tiempo se mantuvo hasta que se superpuso lo que deben hacer después, o lo que se hizo ayer? ¿Acaso oyen una melodía ahora que escucharon a la mañana, o la voz interior que dice “el que escribió este artículo es un bobo”? Lo que sea, pero casi nunca aquello que le ordenamos que haga. Lo curioso de toda su vitalidad, sin embargo, es que en general los efectos de lo que se imagina son tremendamente concretos. Ejemplo básico: un hombre imagina la mujer que desea, y es probable que la excitación se produzca. Es real. Un antiguo marinero narra las peripecias que casi lo conducen a la muerte, en su imaginación (o sea adentro, y no afuera) vuelven los impetuosos truenos y el golpe del agua en su cara. Llora: esas lágrimas son reales.
Tan cerca la tenemos (adentro) y tanto tiempo actúa sola (siempre) que jamás pensamos que la imaginación puede ser un músculo entrenado como el bíceps o la pantorrilla. A los que estamos en el problema creativo, particularmente en la actuación, hemos escuchado más de una vez frases como “hay que tener imágenes”, “usá tu imaginación para el personaje, imaginá su pasado, la relación con el otro”, pero en general nadie nos dice cómo. Y la afirmación romántica de “volemos con la imaginación” es muy coqueta, pero no advierte que a veces en los vuelos uno se queda sin nafta o el aeroplano puede estar defectuoso justo cuando uno lo necesita bien aceitado -por ejemplo, en el medio de una función- así que estrellarse es moneda corriente. Volviendo al tema de la cordura y la “cuerda”, a esa proposición le agregaría algo: “volemos con la imaginación, pero tengamos una pista de aterrizaje sólida para despegar, planear y volver cuando, donde y como querramos.”
Me gusta definir al actor como un creador y un (me permito el neologismo) creedor de realidad, es decir, alguien que fabrica realidades ficticias y cree en ellas. Creedor es sinónimo de crédulo, y crédulo es aquel quien cree en algo ligeramente, fácil. Con creedor me refiero a que alguien se embebe tanto de la realidad ficticia que la cree y, hecho esto, el espectador recibe la impresión con fuerza. Otra vez: la imaginación produce un efecto real. El actor imagina el relato de un personaje cuando lo narra con su cuerpo en el espacio, eso lo modifica y conmueve, el espectador se conmueve también: las emociones y vivencias de ambos son reales. Y sin embargo estamos en una caja oscura, con luces pegándonos en la cara, o en la cajita de la tevé, o en la pantalla del cine, y el espectador sentado en una silla: todo mentira.
Pero ambos elegimos creer, y en esa comunión de “creedores” profundos y no solamente crédulos, la imaginación creadora y atenta de ambos puede ser un puente: nuestra imaginación creadora de actores forja y dispara con fuerza una impresión que penetra la imaginación abierta del espectador, dejando una huella interna donde le gustará volver de vez en cuando. Todos tenemos una suerte de museo interno personal en que recordamos a "ese" actor, "esa" escena, película u obra. Así quedamos siempre unidos, así el arte, de una manera misteriosa, puede hacernos hermanos para siempre.
Si hay alguien que supo manejar la palabra en su punto más alto, ese es Pablo Neruda. La poesía, dicen los que saben, es una manera de vivir, no un mero ejercicio literario: así, este chileno supo escribir no solo los más gloriosos poemas de amor, sino que le escribió a cosas más vulgares (la papa frita, la cuchara)
Aquí, en un reportaje en su mítica casa de Isla Negra, narra un episodio sucedido en Cali, durante una visita que se prolongó derivó en un recital de poesía, donde la gente le recitó las mismas palabras que el, hacía mucho, les había entregado en su libro.
Extracto de una conferencia de Borges donde resume con maestría, o sea como siempre, que un defecto no es necesariamente algo negativo sino que depende de lo que nosotros hagamos con él, y no él con nosotros.
Un fragmento del reportaje a Dustin Hoffman en "Inside The Actors Studio" donde explica una visión interesante del arte como filosofía de autoconocimiento.
Extracto de "Bubbleonia", DVD que sacó en un pack junto con otras películas dirigidas por el, donde Al Pacino cuenta una divertida anécdota que es, también, un buen ejemplo de adaptación.